lunes, 27 de julio de 2009

Acá y allá... y los beneficios del verano

Estuve leyendo el post de Martín y entendí, o más bien recordé, que no es fácil para nadie, no solo para mí, crear lazos en lugares nuevos, ya sea que uno esté de paso o que deba empezar a echar raíces. Entonces, este fin de semana, me lo tomé con calma. No me llevé una botellita de aguardiente a la playa, sino una billetera llena de euros (suena mucho más emocionante de lo que verdaderamente fue) y me fui a recorrer mi barrio y a hacer cosas que haría si verdaderamente estuviera echando raíces así de sola.

El viernes llovió (la influencia del clima es tema para otra entrada) y terminé comiéndome una hamburguesa espantosa, con las patas mojadas pero con un par de botas nuevas (sí, yo soy así de simple y consumista).

El sábado recorrí mi barrio, fui a un cementerio, encontré una panadería deliciosa con meseras amables y una librería llena de ediciones de Penguin que me hicieron parecer un cliente ciego que había entrado solo a manosear libros que no puede leer. Luego terminé mi intento de romance con Sam Savage (le quedaba difícil dar la talla luego de mi tormentoso encuentro con Joyce Carol Oates que me arrancó el corazón) mientras tomaba vino y esperaba a que empezaran los fuegos artificiales de la fiesta de verano de la ciudad.

El domingo desayuné en la panadería que me enamoró y decidí no ir al museo al que tenía planeado ir, sino aprovechar el sol y buscarlo. Me fui para una laguna increíble al sur de la ciudad. Allí me eché al sol, hice una siesta, empecé un nuevo romance con Carson McCullers (o más bien retomo el que hace años dejamos a medias muy a pesar mío), compré un sombrero, me tomé un cerveza y me monté en un crucero que me dio una vuelta de dos horas y me devolví a la casa feliz, tranquila y muy cansada, pero preguntándome por qué en todo el día no vi a nadie solo.


Y sí, me siento muy sola. Acá o allá, siempre me he sentido sola. Pero acá es diferente porque no me puedo quedar quieta, aunque definitivamente exijo mi “sano derecho a no ser turista”, y tengo una libertad que no tengo allá.

Hoy, lunes, la gente con la que vivo me va a llevar de paseo porque el clima es bonito y ya casi me voy. Si tuviera más tiempo tendría más paciencia y me obligaría a creer que la gente llega con el tiempo, que tienen tanto miedo de crear lazos como yo. Pero es que la soledad y la paciencia no se la llevan, ni allá ni acá.

11 comentarios:

Angela Ramirez dijo...

me encantan tus paseos y tu experiencia de soledad. pero quiero que en tus romances, además de Joyce Carol Oates y Carson Mc. Cullers, se incluyan tipos que te gusten por ahí en un bar. o en el barco del crucero. o en la biblioteca. ya sé que dices que no. pero yo digo que sí!!! ;)

Angry Girl dijo...

y si puedo preguntar, porque te fuiste alla a tanta soledad? aunque dices que alla y aca, no será el lugar, no será el lugar, será adentro

CarolinaVK dijo...

Angelita, a ti ya te contesté.

Angry Girl, pues estoy por acá (en Alemania) estudiando, hasta agosto, entonces estoy de paso. Y sí, hay soledades que se llevan con uno por todas partes. Y no es de tipos o de amigos o de sentirme "incompredida", no, no sé. Pero, por ahora, esta soledad está siendo súper productiva, y la extrañaba porque me recuerda de las cosas que soy capaz y porque muchas veces el ruido de la ciudad y de la cotidianidad me jode la cabeza.

Martín Franco dijo...

¿Y a dónde te vas, querida? Parece que nuestras soledades son parecidas, aunque vos no la llevés con aguardientico. Yo tampoco veo gente sola por aquí aunque -es prejuicio,ojo-, supongo que los alemanes son más fríos que los españoles. Ah, no lo vas a creer: llevo varios días entrando a una librería y viendo "El corazón es un cazador solitario" de Carson McMullers en una edición muy bonita de Seix Barral, pero aún no me lo he llevado. Problemas financieros de fin de mes. En todo caso, pronto lo tendré y te contaré. Seguiré visitándote.

CarolinaVK dijo...

Ay, Martín, ese fue exactamente el libro de McCullers que compré, una edición de Penguin. Cuando lo leas me cuentas, yo estoy en esas.

Los alemanes son serios y reservados, pero increíblemente amables. Al menos los bávaros que les encanta reunirse a comer y tomar cerveza por montones. Y me imgagino que no les gusta salir solos, pero buehh.

Yo estoy de paso y me devuelvo para Bogotá a finales de agosto, con el sentimiento de sentirme extranjera.

Y sí, pasa por acá que me gusta tener visita.

natalia dijo...

Me encanta el nuevo encabezado con esa bonita foto de fondo (¿se llama así?). Me parece que le da todo un nuevo aire al blog.

COPO dijo...

De acuerdo con la foto del título. Ya me imagino esos parques bávaros y tú ahí veraniando...

e l e n a n o dijo...

Cuando pienso en ti, en verano, de una me acuerdo de tus pecas mediterraneas. Ola, tan cachés...
Vas a volver con pecas otra vez?

CarolinaVK dijo...

La foto del cabezote la tomé en Amersee, bonito, ¿cierto?

Hoy volvió la lluvia, pero sí tengo pecas ya. Espero que me duren hasta que vuelva.

Martín Franco dijo...

Maldita sea: no he podido conseguir el libro de McMullers. El sábado me fui a buscar la librería y me perdí; terminé tomándome una caña para pasar el calor en una terracita del centro. Pero lo tengo muy presente, igual que uno de Celine. Cuéntame cómo va. De esperanza quizás hable luego, o sino te lo cuento después. Te la podrás imaginar, mientars tanto. Saludos...

CarolinaVK dijo...

No, Martín, una desgracia. Tengo taaantas cosas que hacer y solo quiero sentarme a leer. Ella escribe muy bien y me encanta que siempre, siempre siento que tiene algo escondido y que al final me voy a ir de para atrás. Eso me pasó con los otros dos libros y creo que con este lo veo venir.

Dale, ve "a" por él que entre caña y caña sienta bien. Sobre todo es un libro para leer en un verano bien caliente.