viernes, 6 de junio de 2008

Reyes

Me encontré este mail viejo que me escribió un amigo. Y es perfecto. Era perfecto en ese entonces y es perfecto ahora.

Y es un amigo al que quiero como loca y que va y viene porque es Libra. Y creo que es y va a ser algo gigante. Y que es de las personas más interesantes e inteligentes que conozco. Y agradezco que esté, porque hace que se me hinche el corazón de cosas bonitas.

También creo que era un mensaje premonitorio, aunque ninguno de los dos lo supiera, pero bueno, uno casi nunca se da cuenta de las señales sino hasta que pasan... como en la autopista. Como en esa película de Steve Martin, ¿L.A. Story?


"No sé muy bien porqué entiendo la sensación, pero lo hago. Definitivamente la entiendo.
Un 'manojo' (excelente palabra ésta que nos da una idea de cantidad, aunque uno nunca llegaría a cojerlas con la mano) de hojas húmedas que no molestan pero hacen ruido; entorpecen un poco el paso. Supongo que así es eso del ruido. Un zumbidito que no es del todo molesto, pero distrae. Desenfoca. Como un blur de las ideas.

Supongo que entre la pastelería y eso que buscas sin saber qué es va creciendo una rutina. Es raro. La rutina es como el caldo de cultivo del ruido, pero imposible de evitar. Entre una calle y la siguiente empieza uno a verse las costuras. A sentir que tiene la vida prestada. Que no es la de uno. Que un día de pronto alguien va a llegar a decirnos "Listo. Tu turno." y no hay tal. Entonces nos recordamos que somos supremamente inteligentes y cómo nos quiere la gente, y tampoco hay tal. Pero algo es algo. Supongo que la mayoría del tiempo eso de creer en la inteligencia son pañitos de agua tibia.

Una manera cobarde de aceptar que NUESTRO cuarto de hora nunca llega. Un puente tímido entre el día a día, Jim Morrison, "vivir el momento", experimentar, la invulnerabilidad, la basura de "todavía somos jóvenes" y el futuro, que es propio de los papás o de los geeks. Creo (y esta es mi nueva teoría) que el ruido se va cuando uno empieza a creer en el futuro. Cuando uno entiende que eso de "las metas" tiene algún sentido, aun cuando sea la palabra más usada por Og Mandino, Richard Bach y Anthony de Mello. Entonces viene otro problema: para lograr cualquier cosa, es indispensable renunciar al resto. Un problema más bien geométrico. Una recta tiene UNA dirección. No dos, ni tres. De hecho, si tuviera más de una, tendría infinitas direcciones, que es un poco el resultado del relativismo. Así no avanza nadie. O se da un paso, o no se da. Así. Fácil.

Yo, por ejemplo (estoy sonando como Valentina), cada vez soy menos interesante. Cada vez sé menos cosas. Cada vez me interesa menos. Cada vez mi ignorancia es menos sutil. Más arrolladora. Pero extrañamente he descubierto que hay una relación directamente proporcional entre la cantidad de cosas en las que tengo que pensar y la CLARIDAD, que es básica. Tiene su lógica, ¿no? Creo que un día voy a despertarme convertido en un gigante "algo", pero muy simple. Uno de esos tipos simples. Que no piensan muchas cosas, pero la tienen clara.

Por otro lado, la claridad es bastante sospechosa. ¡Qué cosas estúpidas estoy diciendo!"

1 comentario:

roger daubach dijo...

no puedo entender todas las palabras que tu escribas =[